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jueves, 2 de septiembre de 2021

“El placer entre hombres es una práctica común entre los talibanes”

Escritor y analista internacional de CNN Brasil, Lourival Sant’Anna conoce bien el universo talibán. Fue el único periodista brasileño, y uno de los únicos occidentales, que entró en Afganistán y entrevistó a los líderes del grupo fundamentalista islámico –que ahora ha vuelto al poder– inmediatamente después del atentado del 11 de septiembre en Estados Unidos en 2001.


En Afganistán, que visitó en tres ocasiones, el periodista desveló aspectos poco conocidos de la cultura talibán. Descubrió, por ejemplo, que el placer sexual entre hombres está muy extendido entre los radicales islámicos. Una práctica rodeada de silencio y contradicciones: “Como están casados, y tienen hijos, en su propia opinión no son homosexuales”, dice Lourival.


Autor de cuatro libros –entre ellos, Viaje al mundo de los talibanes, sobre la arriesgada cobertura en Afganistán y Pakistán, en 2001–, Lourival es un agudo observador del papel que desempeñan las mujeres en el país, donde son “propiedad de sus hombres”. Para él, la aversión de los talibanes a las mujeres tiene profundas raíces culturales: “La mujer tiene un papel en la generación y crianza de los hijos. Pero no hay afinidad entre marido y mujer. La afinidad es entre hombres”.


DW: Las mujeres han sido tradicionalmente oprimidas y relegadas a un papel secundario bajo el régimen talibán. ¿Cómo se explica esta aversión y hostilidad hacia ellas?


Lourival Sant’Anna: Las mujeres tienen tradicionalmente un papel secundario en la sociedad pastún, que es el grupo étnico predominante entre los talibanes. Es algo cultural. Además, la primera generación de talibanes creció separada de las mujeres. Eran huérfanos e hijos de refugiados de la guerra contra la Unión Soviética entre 1979 y 1989 y crecieron en el lado pakistaní de la frontera. Muchos se fueron a vivir a internados religiosos, donde se les acogió, alojó y alimentó. Allí recibirían una profesión: la de mulá.


En estas escuelas –talibán significa estudiante– estaban separados de las mujeres, en un ambiente dominado por las relaciones homosexuales entre profesores y alumnos, algo que también es tradicional, especialmente en las regiones más aisladas del sur de Afganistán, donde el placer suele darse entre hombres adultos y chicos adolescentes.


En este contexto, la mujer tiene un papel en la generación y crianza de los hijos. Pero no hay mucha intimidad entre marido y mujer, no hay afinidad. La afinidad es entre hombres. Y en estos internados religiosos –pasaban todo el tiempo allí– crecían separados de las mujeres y recibían adoctrinamiento wahabí, de Arabia Saudita, que financia algunas de estas escuelas.


Y cuando fueron a Afganistán, ¿continuaron con esta práctica homosexual?

Cuando invadieron Afganistán, continuaron con esta práctica. Solo que no lo llaman homosexualidad. Soy yo quien lo llama así. Incluso evito esa palabra, intento hablar más bien del “placer entre hombres”. Porque ellos no lo ven así. Como están casados y tienen hijos, en su opinión no son homosexuales. Para que no cometan ese “pecado”. Porque consideran que no casarse, no tener hijos, es un pecado, y está prohibido por el islam. Pero como cumplen esta “obligación religiosa”, digamos que no se ven como homosexuales. De hecho, castigan duramente a los homosexuales.


¿Y cómo explicar esta persecución contra la comunidad LGBTQ? ¿No sería una contradicción?

Sí, pero ellos no lo ven así. En primer lugar, porque apenas se habla de ello. Solo lo practican, en silencio. No diría que se convierte en un tabú, porque coquetean con los hombres, son explícitamente seductores. Y no son solo los talibanes. Los muyahidines, que lucharon contra los soviéticos, también tenían esta práctica. Desfilaron con los tanques soviéticos, que habían confiscado después de la guerra, se maquillaron y desfilaron asimismo con los muchachos, exhibidos como trofeos. Al igual que los talibanes, que secuestran a las niñas para casarlas, los muyahidines también secuestraron a los niños. Que yo sepa, los talibanes nunca tuvieron esta práctica de secuestrar a los niños. Lo que hacen –que es algo previsto en una determinada interpretación del islam–, es obligar a las familias a entregarles a las niñas para que se casen. Y se casan formalmente. Pero va en contra de la voluntad de la chica, por lo que en nuestra opinión es una violación.


En su libro “Viaje al mundo de los talibanes”, relata cómo descubrió que el placer sexual entre hombres era algo muy extendido en la cultura pastún. ¿Cómo llegó a fijarse en esto?

Esto quedó claro en la entrevista que realicé en octubre de 2001 con tres líderes talibanes en Kandahar. Uno de ellos era un comandante militar, un hombre bastante amargado. Decía que deberían arrestarme –yo había entrado en Afganistán ilegalmente–. Pero el líder civil decía: “No entregamos a Bin Laden a Estados Unidos porque es nuestro invitado. Así que hay que tratarlo bien como invitado” (hablando de mí). Al final, mirándome y guiñándome un ojo varias veces, me dijo: “Quédate aquí con nosotros”, y se rió. Y yo dije: “No, si me quedo no podré enviar mi informe”. Cuando salí de Afganistán, mi intérprete, un amigo que nos hospedaba, y su hermano empezaron a reírse de mí y a hacer bromas. Llevaba ropa afgana, con barba, sucia. Me duché, me afeité, me puse la ropa occidental y fui al salón. Entonces se volvieron a reír de mi: “Oh, si ese tipo pudiera verte así...”. Entonces empezamos a hablar y me contaron muchas cosas. Ellos vivían allí. La frontera es totalmente porosa, es el mundo pastún, no hay Afganistán ni Pakistán. Incluso se le ha llamado “Pashtunistán”. Es como un país allí. Ellos lo conocen muy bien y han mantenido conversaciones íntimas sobre estos temas con los talibanes.