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domingo, 9 de mayo de 2021

Anciana trabaja como estatua humana para alimentar a su nieto de dos años


Los padres del pequeño se divorciaron y desde entonces lo abandonaron. La abuela con el corazón roto se hizo cargo de él y, sin trabajo, buscó la forma de conseguir dinero. Hay ocasiones en que se priva de comer, pues los pocos dólares apenas alcanzan para alimentar al niño.


El amor de un abuelo hacia sus nietos puede ser, sin objeciones, uno de los más fuertes vínculos familiares; y para una anciana en Malasia significa incluso tener que volver a ejercer como madre, luego que su hija con su pareja se divorciase y dejaran al bebé producto de la relación en total abandono. Ahora para alimentar al niño, la mujer de 60 años tiene que trabajar a pleno sol, todos los días en la calle.


Mumun dice tener 60, pero reconoce que hace un tiempo dejó de contar su edad para comenzar a contar la de su nieto Reihan. Ambos viven en la calle, la cual también es la esquina de trabajo de la abuela, quien cada mañana se maquilla el cuerpo entero con pintura plateada y hace de estatua viviente ante la mirada de los transeúntes.


Las monedas que hace en la calle le sirven para alimentar con arroz al pequeño Reihan y en ocasiones, cuando no alcanza para ambos, debe privarse de algún almuerzo o cena con tal de no hacer pasar hambre a su nieto.


Cada día, Mumun se hace entre 3 a 6 dólares. Para ello debe aguantar extensas jornadas de pie con una caja en frente a ella. Cuando se le acerca un peatón y deposita una moneda, ella se mueve y comienza a cantar con una muy delicada voz, luego se queda inmóvil otra vez y así hasta escuchar el sonido del dinero caer, un proceso que repite hasta la noche.


“Lo importante es comprar leche para Reihan y darle de comer sus comidas diarias”, cuenta Mumun al medio malayo Merdeka. Desde que los padres del niño se divorciaron no han querido saber nada de él pero eso a ella no le importa, prefiere cuidarlo con amor a que permanezca donde no lo quieran. No obstante, este régimen que llevan desde hace al menos 4 meses no le ha hecho muy bien a la abuela que cada día parece tener menos energías.


Mumun trabajaba como asistente de limpieza, pero llegada la pandemia no pudo continuar su trabajo, fue así que se vio obligada a salir a la calle, comprar una lata plateada con lo que tenía y comenzar a hacer de estatua.


La anciana ya ha sido reconocida en su esquina por los peatones que pasan allí a diario, pero nadie conoce su historia real y cómo lo hace para sobrevivir cada día con algunas monedas. En cuanto a Reihan, su abuela asegura que el verlo saludable y alimentado es lo único que la motiva a trabajar y mientras estén juntos se asegurará de tenerle al menos su plato de arroz diario.