sábado, 3 de abril de 2021

"¡El que esté herido, no lo dejen vivo!”: 33 años de la masacre de Mejor Esquina



"¡El que esté herido, no lo dejen vivo!”, así gritaba el hombre que hace 33 años condujo la incursión armada al corregimiento La Mejor Esquina, del municipio de Buenavista, en Córdoba, que dejó 27 muertos. 


En poco más de 30 minutos el jolgorio que vivían campesinos y jornaleros en la noche del 3 de abril de 1988, Domingo de Resurrección según la tradición de la Iglesia Católica, se convirtió en un escenario dantesco. Un comando de hombres armados, vestidos con prendas similares a las del Ejército e identificados como ‘Los Magníficos’, llegó al sitio donde la comunidad estaba reunida con la intención de asesinar, lista en mano, a varias de las personas que estaban allí, a quienes señalaban como guerrilleros del Epl.


Los sonidos de los fusiles aún resuenan en los oídos y en la memoria de Agustín*, uno de los sobrevivientes de la masacre, la primera que cometían grupos paramilitares en el departamento de Córdoba. Un mes atrás, el horror había pasado por las fincas La Honduras y La Negra, del corregimiento Currulao, en Turbo, Urabá antioqueño, dejando 20 trabajadores muertos.


No eran tiempos tranquilos en aquellas sabanas cordobesas. La guerrilla del Epl se había convertido en el flagelo de los ganaderos de la región, a quienes extorsionó y secuestró sistemáticamente, y acosaba a los campesinos. Agustín recuerda esa época y la injerencia del grupo armado ilegal en sus vidas cotidianas: “Los veíamos en la zona, aunque con nosotros no pasaba nada porque éramos muy pobres, pero sí teníamos muchas dificultades por el asedio”. Y evoca a un insurgente conocido como ‘Rafa’, “que comandaba un grupo de hombres que tenían presencia en Centro Alegre, Campo Bello, Mejor Esquina, Rusia, Tierradentro, Valencia y no sé dónde más”.


Se trataba de Isidro Pastrana Martínez, quien fue asesinado el 6 de noviembre de 1991 en el barrio San Francisco, de Cartagena. Para esa época se había desmovilizado y se integró al movimiento Esperanza, Paz y Libertad, que surgió tras la dejación de armas y desmovilización de la guerrilla del Epl tras los acuerdos con el gobierno nacional de la época, cuyo acuerdo se firmó el 20 de enero de ese año.


Poco se sabe de los autores materiales e intelectuales de la masacre. En el 2012, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín le solicitó a la Fiscalía General de la Nación que investigara al exjuez Segundo Especializado de Montería, Fredy Vásquez Ferrer, por su presunta negligencia en la investigación de ese múltiple crimen, pero aún no se sabe qué ocurrió con esta petición.


Agustín es un viejo campesino cordobés, quien abandonó su terruño luego de esa cruenta incursión. Vive en un caserío del Bajo Cauca antioqueño, liderando procesos sociales e intentando recuperarse de las secuelas sicológicas que le dejó aquella noche de hace ya 33 años. Sin ningún recato, llora cuando las palabras describen el terror. Pese al dolor, decidió narrar la historia, porque, según él, “nada de esto se debe olvidar”.


Los rodearon

“Allá la tradición en la Semana Santa es que se hacía una gran fiesta; siempre se hacía eso, y esa vez se programó en una finca por ahí a medio kilómetro del caserío. Se cercó toda la finca alrededor y se dejó una entrada, se cobraba la entrada, porque se trajo una banda de músicos de Montelíbano. Eso fue jueves, viernes, sábado y domingo. Todas las noches fueron muy concurridas. Esas fiestas eran muy tradicionales.


Jueves, viernes y sábado no pasó nada, todo normal; incluso, yo no me perdí ni un día de esos. Ya el domingo, tipo 10 para 11 de la noche, no tengo la hora exacta, nos rodearon y llegaron disparando, pum… pum… pum… Mucha gente se trataba de escapar. Obviamente estaban varios de los que ellos perseguían, pero los que vinieron, vinieron en dos carros por la carretera y se hicieron en una loma en la parte alta. Esa gente vive preparada, me imagino que tenían sus espías, sus moscas, esa gente se vuela, y creo que únicamente mataron a uno, los demás todos se vuelan, eran expertos en eso. Pero la gente que no era experta en eso, pues fueron muchos que mataron en la vía, pero por el temor, no porque eran nada de eso, pero la mayoría se murió adentro.


Un profesor, que se llamaba Tomás Berrío, una de las personas más queridas de la comunidad, un profesor muy bueno, fue mi profesor, va a recibirlos y ellos le responden matándolo. Luego entran con la orden de ‘¡todo el mundo se acueste boca abajo!’ y que no los miráramos. En esas aparece Silverio Sáenz, le decíamos ‘el negro sae’. Él era el que estaba poniendo la música. Y no obedeció la orden porque dijo que no tenía problemas con nadie. A él lo matan también de una, es uno de los primeros que matan.


Yo estaba con una prima, un grupo familiar y unos amigos. Al escuchar los primeros disparos nos escapamos hacia una pieza donde estaban las cajas de cerveza. Nos tiramos al suelo, quietesitos ahí, y mirábamos todo lo que pasaba afuera, seleccionaban y mataban. Personas que estaban bocabajo, acostadas, y de pronto alzaban la cabeza y miraban, inmediatamente iban y las fusilaban. Era doloroso escuchar los gritos, ‘¡Ayúdenme, no me dejen aquí! ¡No me dejen morir!’. Ellos seguían buscando a las personas con un listado que tenían.


El muchacho que estaba con nosotros se levantó y como había luz, de un reflejo de una rendija, no sé, ellos se enteraron que estábamos ahí adentro y empezaron a disparar, así a media altura, rompieron todo ese botellerío, todo eso que estaba ahí, y nos ordenaron salir manos arriba. Hay una zanja por donde corre el agua, y ya íbamos fusil en la cabeza, cuando siento que me caigo, pero a mi no me coge la bala, yo me acomodo en esa zanja, boca abajo, por esa zanja corría sangre, yo me quedo ahí, como muerto en vida.


Mientras, ellos seguían haciendo la operación y daban órdenes, ‘¡el que esté herido, no lo dejen vivo!’. Yo Pensaba, ‘verá que ahora que estoy sucio de sangre me quieran matar, sí, porque estoy sucio de sangre’. Cuando acabaron de disparar, a todo el que estaba en el piso lo estaban pisando, a mi afortunadamente sólo me pisaron el pie, me pisaron duro, y yo quietesito, como si estuviera muerto, imagínese. Hubo a unos que terminaron de rematar.


Enseguida dicen ‘¡el que esté vivo que se levante!’ y uno en ese momento hace lo que le digan. Entonces ahí no me acordé de que estaba lleno de sangre y podían decir que estaba herido, ahí si me levanté, hicieron una fila, uno allá y otro acá, y sacaron un listado, de ese listado sacaron tres y los asesinaron.


Después de todo eso dieron una orden, que no saliera nadie hasta dentro de dos horas. Ellos se llevaron unos, quedaron unas personas vivas, se las llevaron hacia abajo, donde tenían el carro, se los llevaron y los asesinaron allá, los dejaron muertos allá. Nosotros padecimos por ahí media hora, oíamos los lamentos de personas, de muchas personas que quedaron vivas que decían: ‘¡Ayúdennos! ¡Quiero agua! ¡Sáquenme de aquí! ¡Ayúdenme, no me dejen morir! ¡Quiero agua!’. Eso era lo que se oía.


Después de media hora alguien tomó la decisión y se paró a mirar, pero no vio a nadie, entonces dijo ‘es el momento de irnos’, entonces arrancó y enseguida, cuando sale el primero, y el segundo, todos salen y como cuando se le abre la puerta al ganado, todo el mundo arrancamos a correr y nos fuimos al caserío. Después regresamos a buscar a los familiares. En mi caso, a la prima le dieron un tiro y le dañaron el brazo, ahí está con el brazo seco; a otro primo le dañaron una mano. Murieron 27 personas, eran vecinos, eran amigos, incluso, muchas personas que murieron vinieron de afuera, eran visitantes, estudiantes, incluso, de Barranquilla, de Maicao también vinieron y murieron ahí.


De todas esas personas que murieron me acuerdo del profesor Tomás Berrio, Creto Martínez, Silverio Sáenz, que llamábamos ‘el negro sae’, Juan Manuel Sáenz, Atanasio Sáenz, Carmen Avilés Barragán, Luis Sierra, Eduardo Mercado, Donaldo Benítez, Dionisio Benítez, Pedro Márquez, Jaime Hoyos, William Barragán, Domingo Sáenz y Fredy Martínez, ahorita en este momento no me acuerdo del resto porque eran más retiraditos de la comunidad, es que eso fue hace muchos años… (sollozos).


(Los nombres de las restantes víctimas son: Marcos Martínez, Sergio Tomás Rivero, Silvio Primitivo Pérez, Justo Ramón Nisperuza, Carlos Márquez Benítez, José Guerra, Óscar Sierra Martínez, Juan Bertel, Juan Acevedo, Rogelio Montañez, Silvio Melendres, y alguien conocido como ‘El Mono’ Ensuncho).


Dicen que los asesinos llegaron vestidos de verde, pero la verdad es que yo obedecí todo lo que ellos dijeron, de pronto por eso estoy vivo, porque yo no miré esa gente, sinceramente no los miré, pero hay amigas mías que me han dicho que reconocieron a varias personas de esas, reconocieron que eran personas activas de la policía en Buenavista, Córdoba, así me lo contaban. Yo no le puse la vista a nadie porque el que no obedecía lo mataban.


Recuerdo que al que organizó la fiesta lo mataron por allá en un municipio de Córdoba, como a los cuatro meses. Dicen que la fiesta la pagaron Carlos Castaño y César Cura para que se pudiera dar eso, y la gente, ignorante, acudió a esa fiesta. Ellos iban de cacería del comandante del Epl, del tal ‘Rafa’, pero yo no lo vi en la fiesta. El comentario era que sí estaba, que había un grupo de ellos, pero fueron los primeros en volarse, es que ellos eran muy ariscos”.

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