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jueves, 18 de marzo de 2021

La historia detrás de la muerte del Zarco, de La vendedora de rosas



Giovanni Quiroz fue una estrella fugaz. En un par de años pasó de ser un simple muchacho que tiraba vicio y robaba en el barrio Lovaina de Medellín a desfilar por la alfombra roja del Festival de Cannes, en Francia, con un elegante vestido.


Nadie en ese barrio lleno de prostitutas y drogadictos podía creer que ese 'pelao' de apenas 20 años que no tenía grandes esperanzas para su vida había viajado a Europa y ahora era famoso.


Pero el nombre de Giovanni Quiroz tal vez no les diga mucho a la mayoría de las personas. Es un nombre común y corriente que, quizás, habría pasado desapercibido si no hubiera interpretado al Zarco en La vendedora de rosas.


Esa película, dirigida por Víctor Gaviria y estrenada en 1998, cuenta la historia de unos niños y jóvenes que viven en los barrios del centro de la capital de Antioquia en medio de la violencia, la pobreza y las drogas.


Gaviria, como lo había hecho con Rodrigo D, trabajó con actores naturales que, en últimas, lo único que hicieron frente a las cámaras fue una representación de su cotidianidad, de la crudeza de sus vidas, de la dureza de las calles.


Si bien la película fue protagonizada por Lady Tabares, quien interpretó a Mónica, el Zarco fue uno de los personajes claves y se robó todas las miradas. Hoy, 23 años después del estreno de La vendedora de rosas, los colombianos aún recuerdan su actuación.


Y algunas de sus frases más icónicas, como “abrite que todo bien, ya perdiste” y “¿cómo es que me dejo meter este ganso ciego ome… yo sí soy una loca”, circulan todavía en redes sociales como memes.


La película de Gaviria fue su primera y última aparición en el cine. Tal vez si no lo hubieran matado hoy sería una estrella, pues iba a estudiar actuación, pero la muerte, a la que ya se le había escapado un par de veces, lo agarró un día de febrero del 2000.


Hoy, 21 años después, su muerte es un misterio y solo se sabe con certeza que su cuerpo apareció abaleado. Hay varias teorías sobre los hechos, pero no hay ninguna certeza.


Geovanni Quiroz, el Zarco, fue asesinado a los 23 años meses después de grabar la película.


“Uno ser joven y vivir aquí en Medellín es muy duro. Duro como un hijueputa. La voz de mando la tiene más que todo el joven, aquí en Medellín, que es el más entrompador. No come es de puta mierda así sepa que se va a morir”, contó el Zarco en uno de los detrás de cámaras de la película, en el que estaba narrando las aventuras de su vida.


Una coincidencia le cambió la vida

La vida de Giovanni Quiroz cambió cuando a Víctor Gaviria le dio por contar la historia de Mónica, una joven que vendía rosas en las calles de la capital de Antioquia.


Quiroz, quien tan solo tenía 20 años, pero ya se conocía todos los secretos de la calle, por esa época se dedicaba a robar.


Pero la llegada a la película de este muchacho que se la pasaba de pelea en pelea por las calles de Medellín fue pura coincidencia.


Un amigo suyo del barrio le contó que iba a ser estrella de cine y Quiroz no le creyó. Por esto, su amigo lo invitó al estudio para que viera que no le estaba mintiendo y que no estaba fumado.


Hasta ese día, este hombre iba a interpretar al Zarco, pero todo cambió cuando Víctor Gaviria conoció a Giovanni.




Mileider Gil, quien interpretó a Andrea, contó que cuando Giovanni ingresó al estudio dejó impactado a Gaviria y se terminó quedando con el papel.


“El amigo del Zarco se ofuscó y le manifestó que le había robado el personaje”, dijo Gil en una historia publicada en junio del 2020.


En ese momento Giovanni Quiroz dejó de ser Giovanni Quiroz y se convirtió en el Zarco, nombre con el que lo empezaron a llamar todos durante las grabaciones, en el barrio y en las calles.


Hasta entonces, en 1998, lo más destacado que había hecho el Zarco con su vida era sobrevivir.


Desde muy joven comenzó a consumir drogas y alcohol, en parte, escapando de su realidad, del mundo lleno de pobreza en el que vivía y de las peleas en su casa, pues su padre tenía problemas con el alcohol. Más adelante comenzó a robar.


A su padre, contó su madre durante las grabaciones de la película, “le ha gustado mucho el trago y casi siempre llegaba con problemas a la casa”. Esa situación, explicó, los aventó al mundo de la calle.


De hecho, Quiroz comentó que le daba “muy duro” cuando “el papá de uno está por ahí todo borracho, se queda por ahí en una cantina”.


La vendedora de rosas


“A uno le duele, pero uno tiene que tragarse las palabras, no decir nada”, contó el Zarco mientras cargaba a su hermano pequeño.


Entonces Quiroz se la pasaba en la calle sin rumbo fijo, como Juanito Alimaña -una de sus canciones favoritas-, sacando su cuchillo sin preocupación. La droga, comentaba, lo ayudaba a sobrevivir.


El Zarco decía frente a las cámaras, y sin pudor alguno, que él era ladrón. Incluso en los archivos de detrás de cámaras hay una grabación en la que narra cómo mató a un hombre.


“Una vez me alcanzaron como dos o tres y sabe qué, me llenaron fue de puñaladas. Me metieron 12. Lo que pasa es que sabe que, ese man iba a robar a mi papá una vez y sabe qué, quedé con la bronca comprada. Y como los dos éramos… Yo no lo niego, yo soy un ladrón, yo he robado mucho aquí”, narró el Zarco a la cámara mientras otros compañeros lo escuchaban atentamente. Él, era todo un contador de historia.


De repente -sigue narrando-, ya herido, lleno de sangre, tirado en el piso, casi muerto, con su enemigo cantando victoria y burlándose de él, resucitó como si fuera una escena de La vendedora de rosas y le pidió a alguien que le prestara una navaja.


“Y ese man estaba de espalda, analice pues que el man me cogió a mí de espaldas y yo también lo cogí de espaldas ya todo puñaliado. Y yo eh, la chimba, esta gonorrea me tiene que acabar de matar. Y así le dije, acábeme de matar pues. Se volteó a mirar y abrió esos ojos. Le saqué leche a esos ojos”, dice con una sonrisa maliciosa mientras representa cómo le metió la puñalada a su contrincante.


Y agregó: “Y yo también sin conocimiento ya pal piso, como con 10 roches en la cabeza y esa mata de perico…”.


Concluye su historia diciendo que mató al hombre y terminó en el hospital. “Yo estaba de azul y la ropa era roja. Me volvieron hincha del Medellín ese día, con eso le digo todo” -aseguró y comenzó a reírse-. Y sentenció: “Yo no me imaginé que fuera a contar esta historia”.


Al Zarco, decía, le dolían los pulmones de tantas puñaladas que le habían metido.


Pero ni las grabaciones lo pudieron alejar de los problemas. Víctor Gaviria luchaba constantemente con las peleas entre el elenco y robos que se presentaban en el rodaje. El Zarquito -como lo llamaba- estuvo implicado varias de estos problemas.


En una entrevista con la revista Bocas, publicada en septiembre de 2013, a Gaviria le preguntaron cuál era el recuerdo “más tenaz de los meses de filmación en la calle”. El protagonista de su historia fue Quiroz.


El director de cine narró que una tarde, durante el rodaje, llegaron a matar al Zarco porque, al parecer, él le había pegado una puñalada a un pelado la noche anterior.


“Recuerdo que había unos cordones que aislaban el set y no dejaban pasar a los sicarios. Fui hasta donde el Zarco y le dije que tenía que irse. “¡Estos hijueputas! Yo me voy a hacer matar entonces, Víctor”, me dijo. Y salió corriendo”, contó Gaviria.


“Él creía que estaba dando la vuelta a la manzana para enfrentarlos, pero logré desviarlo. “¡Zarco, haceme el favor, no te hagás matar!”, le gritaba. Al final lo cogí. Durante el rodaje pasaban cosas tremendas”, agregó el director.


Amiguero, fiestero e impuntual, así definen sus amigos y familia a Víctor Gaviria cuando no está detrás de una cámara haciendo lo que más le apasiona: creando historias para cine.


Sobre el Zarco, Gaviria recordó en la misma entrevista que al rodaje a veces llegaba borracho y drogado. En ese estado, comentó el director, “era patético y hacía cosas absurdas”.


Por ejemplo, un día se enfrentó con un celador que le disparó y llegó a la grabación con la cara y el pecho llenos de sangre y gritando: “¡La sangre de mi mamá!”.


Sobre esos días de grabación y su relación con Quiroz, Mileider aseguró que lo consideraba como un hermano mayor, que siempre estaba pendiente de ella, entre otras cosas por ser una de las más pequeñas, y que incluso cuando este consumía droga, se escondía para que ella no lo viera.


Ni en los sueños el Zarco se imaginó que se iba a poner un traje de gala e iba a desfilar por una alfombra roja en Cannes. Pero como ese 1998 fue un año de película para los muchachos que protagonizaron La vendedora de rosas, cualquier cosa podía pasar.


Sin embargo, Quiroz no se sabía comportar. En Francia, en la mansión del director de cine que los recibió a él, a Víctor y a Lady, se perdieron unas joyas.


Víctor, preocupado, comenzó a interrogar a sus dos sospechosos. Pero el Zarco dijo que Lady era una ladrona y Lady dijo que el Zarco era un ladrón.


“Una tarde, durante uno de los eventos de la película, el festival nos había asignado una casa para recibir a la prensa. Hubo unos robos: “Se desaparecieron unas joyas que eran de la abuelita de la asistente de prensa. Tienes que devolverlas”, le dije a Lady. Ella me decía que el Zarco era un ladrón. Cuando le preguntaba al Zarco, él decía lo mismo. Al fin las joyas aparecieron, pero ninguno de los dos dijo quién las había robado”, le contó Gaviria a Bocas.


Tras la aventura en Francia y el boom de la película, poco a poco fueron volviendo a la realidad.


Después de la película y mientras le salían otras oportunidades en la actuación, Juan Guillermo Arredondo, asistente de dirección de la película, y Víctor Gaviria, le ofrecieron con amigos trabajos temporales, algunos de estos en bares.


Además, trabajó en el video Alexandra Pomaluna, de Gloria Nancy Monsalve, que ganó el Círculo Precolombino de Oro al mejor video de ficción en el festival de Cine de Bogotá en 1999.


Después de esta experiencia se dio cuenta de que la actuación podía ser un verdadero camino para su vida. Quiroz, dicen, hubiera podido llegar a ser una estrella, como lo es Ramiro Meneses, protagonista de Rodrigo D, quien se alejó del mundo en el que creció y se dedicó a la actuación y la música.


Pero como no le salía nada, y siguió siendo el mismo loco al que le gustaba la calle y las drogas, poco a poco fue volviendo a su mundo.


No obstante, por esos días, a finales del 1999 recibió una oportunidad que seguramente le cambiaría la vida, pero esta no se materializó.


Después de mover varios contactos, Gaviria y sus amigos estaban buscando una beca de actuación para que se fuera a estudiar a España, pero por esos días lo mataron en una calle de su barrio, Lovaina.

Son tres versiones las que se manejan sobre su muerte.

Una de ellas es que lo mataron cuando se iba a robar un carro en Lovaina. Dicen que el conductor del vehículo, que sería marca Mazda, estaba armado y al ver las intenciones del Zarco, no dudó y le disparó tres veces en la cara.

La otra versión que se ha contado es que se trató de un ajuste de cuentas entre bandas por problemas relacionados con la droga.

Y la última, que han manejado algunos de los actores de la película es que lo mató el amigo al que le quitó el papel del Zarco, el mismo que lo llevó al estudio para que viera que no era mentira que iba a participar en una película.

Para el filósofo y escritor Gilmer Mesa, quien ha estudiado y escrito sobre la vida de los jóvenes en los barrios de la capital de Antioquia en los años ochenta y noventa, es necesario comprender que para esa época, y aún hoy, hay muchos Medellín.

“Entonces hay gente que ha vivido toda su vida como si viviera en Suiza y hay otros que han vivido como si vivieran en Siria”, dijo.

Mesa, quien además es docente y escribió la novela La Cuadra, que retrata cómo era vivir en los barrios populares en medio de la violencia, asegura que la guerra del narcotráfico con el Estado tocó a todos los jóvenes de Medellín, pero con más fuerza a los de los barrios, que se sumó a la falta de oportunidades.

“Algunos jóvenes sirvieron como carne de cañón en esa guerra, otros sirvieron como asesinos a sueldo y otros, incluso, que creo que es donde estaba Quiroz, ni siquiera entraron a formar parte de eso, sino que hacían parte del borde de esos combos, que son los que se dedicaban a robar por fuera, incluso, de esos vínculos que se tenían con el cartel y obviamente por fuera de la sociedad en sí”, explicó Mesa, quien además es docente.

Sobre el caso del Zarco, así como el de otros protagonistas de las películas de Gaviria aseveró que “cuando ya vieron otro mundo distinto al que conocían, ya estaban tan permeados por el de ellos que este se les impuso".

Y sentenció: "Como el adagio y lo que dicen también una canción: Se puede sacar a un muchacho del barrio, pero no se puede sacar el barrio del muchacho. Lo que ya tenían adentro los superaba incluso cuando tuvieron la posibilidad de ver otras realidades distintas a las que crecieron”.

Quienes conocieron al Zarco sabían que en cualquier momento lo iban a matar. Ya se le había escapado varias veces a la muerte y, además, tenía muchos enemigos en las calles de Medellín.

“Sabíamos que tarde o temprano iba a pasar”, dijo Lady Tabares a los pocos días de conocer la noticia.

En su momento, Giovanni Quiroz fue el tercer actor de la película en morir de una forma violenta, lo que fue un duro golpe para Gaviria, quien manifestó que estaban esperando a que se manifestaran algunas promesas que les hicieron, como la beca en España, para evitar que el Giovanni Quiroz tuviera el mismo destino que el Zarco en La vendedora de rosas.

“Me di cuenta que en él había un artista, alguien de una consciencia, una esponja que absorbía todo lo que le pasaba alrededor con una capacidad enorme para expresar cómo había sido la vida de él de infancia y para expresar cosas que yo no podría expresar, que era su sufrimiento, las aventuras absurdas que le habían tocado vivir, los sufrimientos de un muchacho que representaba a tantos muchachos que están sin oficio, sin nada que hacer”, aseveró Gaviria tras la muerte de Quiroz.

El final de la vida de Giovanni Quiroz se parece al final de la vida del Zarco, pues el personaje de la película también muró después de recibir unos balazos en una calle de Medellín.

Al final, eran la misma persona. Giovanni y el Zarco iban por ahí, como Juanito Alimaña, cantando que “la calle es una selva de cemento / Y de fieras salvajes, cómo no / Ya no hay quien salga loco de contento / Donde quiera te espera lo peor”.