martes, 16 de febrero de 2021

¿Y si Petro hubiera ganado, como estaría Colombia ahora?



Van ya dos años y medio del desastre en el que nos metió el uribismo al darnos un presidente guitarrero, salsero y locutor, que parece tener un show quincenal de humor con sus Polombias, sus verbos mal conjugados, sus siete enanos como cumbres de la cultura mundial, sus saludos de comadre para reyes y jefes de Estado, pero también al subirnos a ese gordito que mes a mes termina haciendo exactamente lo mismo que le criticó con ferocidad al Gobierno anterior (así nos los recuerdan los tuits con su carga de memoria y cinismo), pero además, por imponernos a un mandatario que pone fiscales de bolsillo, procuradoras que hablan de “nuestro gobierno”, defensores para el otro bolsillo, y alfiles en el Banrepública; uno que insultó a la Corte y la intimidó para que soltara a Uribe; que se disfrazó de policía luego de una jornada sangrienta contra gente inerme; uno que, por un mero encargo, le puso objeciones a la JEP para desmontarla; que ha dejado matar a más de 271 líderes sociales (según la ONU), y cuya ministra estrella dice que eso no es tan grave pues “muere más gente por robo de celulares”.


Ya con dos años y medio, uno tiene el derecho a preguntar ¿de qué nos salvó el doctor Álvaro Uribe en 2018? Y la pregunta cobra más validez porque ese señor ya comenzó a circular el eslogan de que hay que salvar a Colombia en el 2022, lo cual es una burda copia del libreto de 2018, pero con una contradicción flagrante: si hay que salvar al país es porque se lo terminó de llevar el putas en estos 4 años, o sea el tiempo cuando este presidente junior ha hecho todo lo anteriormente expuesto.


Por eso, vuelvo a preguntar y ¿qué habría ocurrido si Petro gana hace dos años y medio? Como no quiero caer en el profetismo en reversa en el que cayó un señor José Miguel Santamaría, en Semana de mayo del año pasado, cuando se atrevió a escribir que el hombre de la Colombia Humana no hubiera pagado la deuda externa, y sí expropiado bienes y servicios prioritarios, acabado con los fondos privados, nacionalizado el sistema de salud y forzado al Banco de la República a hacer emisiones clandestinas, como no tengo un sentido clarividente tan desarrollado, me atrevo a arriesgar más bien las cosas que no hubiera hecho.


Antes, aclaro que no soy petrista (aunque voté por él en segunda vuelta por la convicción de que Uribe es el mal más grande de todos), que no me termina de gustar su estilo paternal de autócrata bueno, que me preocupa su discurso de atizar la lucha de clases, y que no quedé muy convencido de su gestión como alcalde.


Lo primero es que le habría sido muy difícil poner un fiscal de bolsillo, porque seguramente la Corte le habría devuelto la terna más de una vez. Y en el peor escenario, o sea que hubiera logrado colar a un amigo en el cargo, sería un fiscal afín al proceso de paz, con las buenas consecuencias que eso presupone.


Una de ellas es que habría sido más difícil para el anterior fiscal tenderle una emboscada a Jesús Santrich, para desprestigiar a la JEP, y en últimas forzar dentro de las Farc a los menos convencidos del proceso de paz, que a su vez son los más tolerantes con el tema de la droga, de volverse al monte y armar disidencia.


De ahí se podría haber derivado, quizás, un menor deterioro en el tema de la seguridad y, me atrevo a afirmar, una cantidad mucho más baja de líderes sociales sacrificados. El talante humanista de Petro, que no se puede negar, habría priorizado este tema de las muertes sistemáticas y selectivas. Me gustaría verlo intervenir, por ejemplo, en ese trágico coctel de bandas, drogas, políticos corruptos y casas de pique que se tomó Buenaventura, y que Duque observa perplejo.


En cuanto a la implementación del proceso de paz, además del tema de las garantías de seguridad, es altamente probable que no le hubiera metido el freno a otros puntos de lo acordado en La Habana, como el desarrollo agrario rural, la finalización del conflicto, la reparación a las víctimas y la solución al problema de las drogas, más allá del regreso de las aspersiones áreas.


No le habría quitado un año de trabajo a la JEP al ponerle unas objeciones que Ernesto Macías estiró más de la cuenta en el Congreso y que luego requirieron más tiempo en el estudio de constitucionalidad en la Corte. Y a pesar de eso, esa jurisdicción especial ya logró imputar a las Farc por sus crímenes de secuestro (de lesa humanidad), y avanzar en otros temas como la desaparición forzada, la violencia sexual o el reclutamiento a menores, que deben conocerse en los meses próximos. Mejor dicho, si no se le hubiera obstaculizado el arranque a la JEP, a estas alturas podríamos saber muchas más verdades del conflicto armado.


Con un Congreso en el cual apenas suma cuatro senadores, más eventualmente los cinco de las Farc y, estirando mucho las cosas, los cinco del Polo, o sea 14 curules de 108, se puede aventurar que jamás lograría imponer un procurador de bolsillo. Con el defensor pasa lo mismo, ya que en un cálculo como el anterior serían 10 votos de 171 en la Cámara. Y esta misma lógica de un congreso mayoritariamente adverso hace imposible pensar en un presidente desatado expropiando, emitiendo alegremente billetes o nacionalizando activos y empresas.


Con Petro en el poder, con seguridad la Corte no habría tenido presiones desde Presidencia para dejar libre a Uribe, ni se habría asustado para soltarle tan fácilmente el proceso a la Fiscalía. Y Uribe quizá seguiría preso, o parcialmente preso. No se hubiera hecho ese mal cálculo de interferir en las elecciones gringas ni el ridículo de un embajador apoyando a Trump. Es más, el mismo Trump no podría haber usado a Petro de ejemplo en su delirante campaña de que Estados Unidos se convertiría con Biden en otra Venezuela, porque Colombia no estaría convertida en otra Venezuela.


¿Era Duque el mal menor?, ¿era preferible un presidente títere y paquete, que no iba a tener ningún control, a uno que generaba dudas pero que sí iba a estar muy monitoreado por el resto del aparato estatal?


Por Sergio Ocampo Madrid

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