miércoles, 13 de enero de 2021

Mujer rechazada de empleos por “tener cara de pobre” pasó de empleada doméstica a jueza



Antonia Marina recuerda cuando postuló a un trabajo como bancaria y fue rechazada por su aspecto de pobre. Sin oportunidades y viviendo en la calle, como empleada doméstica seguía sufriendo descalificaciones, hasta que consiguió la oportunidad de estudiar Derecho. Para lograrlo recolectó copias manchadas o inutilizables que otros estudiantes tiraban a la basura. Hoy ejerce con humanidad.


Comenzar en el mundo laboral no es fácil la mayoría de las veces. Al no contar con un currículum competitivo solo queda demostrar tener habilidades para el trabajo al cual se aplica. Sin embargo, lo que uno no se espera es ser rechazado únicamente por su aspecto, tal como le pasó a Antonia Marina Aparecida de Paula cuando le dijeron que “tenía cara de pobre”.




Antonia tiene 60 años y desde su escritorio, revisando casos judiciales, recuerda aún lo duro que fue ganarse una oportunidad en la vida. Se dio cuenta muy joven que el mundo tenía su lado injusto, cuando apenas terminado el bachillerato, llegó a su ciudad, Serra Azul de Minas, en Brasil, un prestigioso banco, lo que significaría puestos de trabajo.


Antonia Marina postuló haciendo un examen de entrada que asegura haber hecho bien, pero más tarde se enteró que no quedó en el puesto y que su prueba ni si quiera se corrigió al ser descartada por “su aspecto de pobre”.




Decepcionada, la joven abandona su ciudad natal hacia Belo Horizonte en búsqueda de oportunidades, pero el comienzo sería por lo menos complicado. Vivió durante meses en las calles sin empleo hasta que consiguió un trabajo como empleada doméstica.


Recuerda lo sacrificado que fue, durante meses no conseguía un techo y los conocidos de la ciudad decían querer apoyarla pero no la recibían porque “la casa era muy pequeña”. Pese a tener un sueldo, este era muy bajo como para pagar un departamento, así que cuando terminaba el servicio de limpieza en el hogar donde trabajaba, se dirigía a la estación de autobuses y ahí se quedaba esperando que llegase el siguiente día de trabajo.




Un día, encontró el panfleto de un anuncio sobre un concurso para convertirse en oficial de justicia, donde solo pedían como requisito tener la escuela secundaria. Para ella fue sumamente significativo, porque la sacó de la calle y le dio lo mínimo para sobrevivir.




“Fui a una escuela intensiva y descubrí que costaba mucho más de lo que podía pagar con mi salario como ama de llaves. Entonces, comencé a recolectar las copias manchadas o inutilizables que otros estudiantes tiraban a la basura” Antonia Marina.


Pero no fue hasta luego de conseguir su nuevo puesto de trabajo como oficial de justicia, que daría un salto real en la carrera del Derecho, pudiendo entrar a una universidad y comenzar a soñar en grande. Convertirse en una jueza.


Después de años de estudio, Antonia Marina termina por especializarse en el área penal, convirtiéndose en jueza y brindando una mirada distinta a la común del sistema, una más humana que no se base en las apariencias, al saber lo injusto que puede ser.




Aún recuerda que en sus años como empleada doméstica, al no tener una casa, pidió una vez quedarse en la trastienda del hogar del empleador, pero lo que escuchó fue que “una niña negra dentro de la casa es una tentación para su esposo e hijo”, la niña negra era ella, algo que mantiene presente y que quiere erradicar de su cultura.


Sobre el Brasil en que vive, asegura sigue siendo muy injusto y que la meritocracia no es más que una ilusión, pero no por eso es imposible darle una vuelta al destino. Lo importante es buscar las herramientas para lograr ese cambio, aunque sea a punta de sacrificio.

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