domingo, 13 de diciembre de 2020

Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, el hombre que le enseñó a ganar a Colombia

Entre luces y sombras transcurrió la carrera del primer campeón mundial de tuvo el país. Alcanzó la fama y la gloria, aunque no estaba preparado para afrontarlas. Cayó en las drogas y el alcohol, y desperdició su fortuna, pero supo levantarse y salir adelante. Cuarenta años después de sus gestas deportivas sigue siendo admirado.

Hace unos quince años un hombre de raza negra, delgado, pero con una marcada musculatura caminaba sin rumbo por la avenida Caracas de Bogotá. La ropa le quedaba grande y llevaba una vieja camiseta de Júnior. Tenía la apariencia de un habitante de la calle. Su caminar tambaleante y los ojos enrojecidos hacían pensar que estaba tomado o hasta drogado. De pronto, llamó la atención de varias personas que pasaban por allí, incluyendo a un señor que estaba con su hijo y su esposa.

Para él, que era médico, el personaje que tenía en frente no era desconocido. Es más, merecía toda su admiración. El hombre, de apariencia andrajosa, era ni más ni menos que el héroe de su infancia, el que hasta hoy es considerado el boxeador colombiano más grande de todos los tiempos: Antonio Cervantes Reyes, conocido como Kid Pambelé.

Poco quedaba de quien fue el primer campeón mundial de boxeo de la historia del país. En ese momento era noticia por sus adicciones y los escándalos que protagonizaba o sus entradas y salidas de centros de rehabilitación. A pesar de eso, Pambelé seguía siendo reconocido y despertaba el cariño de un país que vio sus gestas en blanco y negro y luego en los primeros televisores a color que llegaron al territorio nacional. Mientras a escala mundial las generaciones de los años 60 y 70 crecieron con el mito de Muhammad Ali, Colombia tenía su propio campeón que parecía imbatible. Pambelé ostentó el título de los wélter junior (superligeros) de la Asociación Mundial de Boxeo desde el 28 de octubre de 1972 hasta el 2 de agosto de 1980. Fueron ocho años como campeón y 16 peleas en las que defendió su corona. En ese tiempo lo perdió en una sola ocasión, contra el puertorriqueño Wilfredo Benítez, al que el propio Pambelé recuerda porque “no quiso pelear por la revancha y le quitaron el título”. Su récord fue de 142 peleas ganadas (52 por nocaut) y tan solo 15 derrotas.

La mayoría de sus reveses fueron en Colombia, en sus comienzos, cuando entrenaba y trabajaba como embolador de zapatos y vendedor de cigarrillos Kent, que traían de contrabando desde Venezuela, pasando por Maicao: “Es que allá siempre había mejor mercancía”.

Al comienzo no se destacaba y hasta llegó a ser sancionado por apostar a su propia derrota. Por eso se fue para Venezuela, en donde, según cuenta su hijo José Cervantes, “llegó como un diamante en bruto y fue pulido como joya preciosa. Allá aprendió a boxear y a caminar por el ring”. Los encargados de este milagro fueron Melquíades Tabaquito Sáenz y Ramiro Machado, entrenador y promotor de Cervantes, respectivamente. Fueron ellos quienes lo convirtieron en el más grande de los superligeros. Y así lo reconoce él mismo. “Me hicieron campeón mundial. Venezuela es mi segunda patria. Siete de los hijos míos nacieron allá”. Por eso dice que le duele ver lo que está pasando en el vecino país por la acción del “bandido de Nicolás Maduro”.

En los gimnasios caraqueños fue donde Tabaquito le enseñó a ser constante en los entrenamientos y le dio su estilo particular: “Peleaba jabeando bastante, combinaciones con uppers, ganchos, rectos de derecha. No me dejaba pegar de los contendores”.

Allí creció de la mano de otros históricos boxeadores como el panameño Alfonso Peppermint Frazer, uno de sus grandes amigos, a quien le arrebató el título mundial el 28 de octubre de 1972.

Mientras que en Colombia las primeras referencias de Pambelé no eran las mejores pues consideraban que era un boxeador deslucido, en el circuito internacional se fue abriendo paso con una pegada noqueadora, extraña para la categoría en la que lo clasificaban. En 1970 se radicó en Los Ángeles y consiguió ganar las peleas suficientes para enfrentarse por el campeonato con el argentino Nicolino Locche. El enfrentamiento fue en el Luna Park de Buenos Aires. Mientras que los jueces dieron como ganador unánime al entonces campeón, el Kid insiste en que esa pelea debió ser un empate. “Nicolino Locche no me hizo nada”. Lo cierto es que tres victorias después, el colombiano volvió a disputar el título. Esta vez la pelea fue contra su amigo Peppermint Frazer y tras un combate parejo, Pambelé lo noqueó en el décimo asalto. Fue la primera vez que Colombia tuvo un campeón mundial de boxeo.

Pambelé, nacido en San Basilio de Palenque, parecía invencible hasta que el puertorriqueño Wilfredo Benítez le ganó por puntos, en marzo de 1976. Un año después el ídolo bolivarense recuperó el título. Salió vencedor en siete combates más hasta que se encontró, el 2 de agosto de 1980, con el estadounidense Aaron Pryor, su gran verdugo. “No estaba bien preparado y él era un buen boxeador. Me abrió una herida y yo no lo veía porque emanaba mucha sangre”, cuenta el campeón colombiano sobre dicha derrota por nocaut en el cuarto asalto.

Desde siempre Pambelé acompañó el boxeo con las fiestas, el alcohol y las drogas, pero en ese momento estaba fuera de control, tanto que descuidó el “entreno”, una de sus grandes fortalezas. El final de la carrera de Pambelé fue en 1983, cuando comenzó su decadencia. “La rumba y las malas amistades me perjudicaron. Me la pasaba tomando y consumiendo droga”, admite. Y así estuvo durante casi 20 años. Aún así fue incluido en el Salón de la Fama del boxeo en 1998.

Su familia tenía que rescatarlo de las calles e internarlo en cuanto centro de rehabilitación encontraba. Su hijo José cuenta que “fueron momentos muy difíciles para nosotros, porque mi papá se transformaba y se ponía muy violento. Lo íbamos a buscar a Bogotá, Medellín, Cartagena o donde estuviera”. Lamentablemente, para mucha gente ese paso por las calles es la referencia que les quedó del gran campeón.

Por fortuna, de ese amargo pasado poco queda. José dice orgulloso que hace seis años Pambelé está fuera del mundo de vicio. “No se toma ni una cerveza”, explica, antes de contar que “todavía llega a un colegio o cualquier parte y es una emoción grande. Jóvenes y viejos quieren hablarle y tocarlo”.

Ahora, Antonio Cervantes pasa los días viendo televisión y siguiendo las hazañas de los nuevos deportistas colombianos, a quienes les dice: “Prepárense, sobre todo los boxeadores, que es el deporte más duro del planeta. Pónganles cuidado a sus apoderados y entrenadores, para que sean buenos deportistas y le den muchos títulos al país, como yo, que fui el deportista que más gloria le di”.

BUSQUEDAS TOP

TOP BUSQUEDAS