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El enigma de los que nunca se contagian pese a estar expuestos a la COVID-19



Cuando el organismo entra en contacto con un agente extraño se produce una respuesta, cuyo objetivo es proteger al cuerpo de posibles infecciones. Esta acción es tarea del sistema inmunológico, pero su reacción no siempre es la misma en todas las personas. Con el nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, la forma en cómo ocurre dicha respuesta inmune es aún más incierta.


Mientras que a algunos, tras exponerse por primera vez al virus, la enfermedad que desarrollan (COVID-19) puede provocarles síntomas realmente graves, en otros puede pasar desapercibida. En tanto, un grupo tal vez menor simplemente jamás llega a contagiarse pese a estar constantemente en contacto con casos positivos para coronavirus, aun sin gozar de inmunidad previa.


Areg Totolyan, director del Instituto de Investigación de Epidemiología y Microbiología de San Petersburgo (Rusia), expuso brevemente sobre este tema durante su intervención en el foro de la “Sociedad Sana”, realizada este martes 27 de octubre en Moscú. El académico aseveró que los científicos han identificado recientemente a este grupo de personas, al cual consideran un enigma, dado que no determinan qué es lo que los hace “resistentes” a infectarse con COVID-19.


“Todavía no podemos formular qué biomarcadores dan esta resistencia, pero el hecho de que hay un cierto grupo de personas que no se enferman con el contacto repetido con pacientes (con coronavirus), y no solo con infectados, sino con pacientes que están liberando el virus, es realmente cierto”, sostuvo Totolyan y precisó que este fenómeno es ajeno al cumplimiento de las medidas sanitarias y el uso de equipos de protección personal.


¿Inmunidad cruzada?

Desde que se declaró pandemia a nivel mundial, algunos estudios han sugerido la posibilidad de que una inmunidad cruzada pueda ser la que esté protegiendo a una parte de la población contra la COVID-19. De acuerdo con este planteamiento, la exposición previa a otros coronavirus, como los que provocan el resfriado común, ha generado memoria inmunológica en el organismo de los pacientes.


En consecuencia, el contacto con un infectado por SARS-CoV-2 ya no implicaría un gran riesgo para estas personas. O bien, si se contagia, las células de memoria (T) actuarían y ayudarían a moderar los síntomas de la enfermedad —lo que se supone que pasa con algunos asintomáticos—, o bien el paciente evitaría el contagio.


En opinión de Carlos Medina, médico infectólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), esto último es poco probable, ya que estadísticamente los coronavirus que causan el resfrío común deben estar presentes aproximadamente en un 30%-40% de la población. De ser cierta esta hipótesis, “no se habría expandido tanto la enfermedad”, asegura a La República.


En cambio, el experto propone otras alternativas. Para empezar, ninguna infección tiene un 100% de eficacia para propagarse, recalca. Otros factores que entran en consideración son el tiempo de exposición frente al SARS-CoV-2, la etapa de enfermedad en que se encuentra el paciente contagiado y el nivel de protección que se maneja.


“Existe algo llamado triada epidemiológica, que consta del agente externo, el huésped susceptible y el ambiente que une a ambos (...) El contagio depende, entre otras cosas, de cuánto virus elimina la persona infectante y cuánto tiempo está en contacto la persona susceptible, además de cuan cerca está y cómo se dan las condiciones ambientales”, detalla.


Huésped resistente

Con respecto a lo mencionado por Areg Totolyan, —sobre las personas que nunca llegan a contagiarse— Medina confirma que, efectivamente, existen.


“Así como hay personas que tienen alto o bajo riesgo de contagio frente a la COVID-19, habrá personas que nunca van a llegar a infectarse. Es un espectro de afinidad según sus condiciones genéticas", advierte.


Medina señala, en el marco de la triada epidemiológica, que aunque el factor agente infectante y el factor ambiente reúnan las condiciones para que se produzca el contagio, si el huésped no es susceptible, esto no ocurrirá jamás.


“Y esta falta de susceptibilidad puede pasar por alguna mutación genética (en el caso del SARS-CoV-2)", dice el médico. El argumento es que las enzimas receptoras que permiten la entrada del nuevo coronavirus a las células humanas, las ACE2, pueden no estar presentes en igual proporción en todas las personas.


También, agrega Medina, posiblemente en este grupo de personas, esta entrada se encuentre limitada debido a una alteración genética, lo que, en teoría, cierra toda posibilidad de que el virus de la COVID-19 ingrese e infecte a su organismo.


"Lo malo es que es difícil saber quiénes pueden ser susceptibles y quiénes no”, concluye. De momento, solo queda esperar más investigaciones y estar atentos a lo que viene.

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