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Hombre mostró sus genitales a dos niñas y la Corte Suprema dice que no fue delito

El alto tribunal aclaró que lo ocurrido constituye “acoso sexual callejero”, pero esa conducta no es delito en nuestro país, por lo que el hombre resultó absuelto.

El alto tribunal reconoció que hubo acoso sexual callejero. 
El alto tribunal reconoció que hubo acoso sexual callejero.
En 2015, dos hermanas de ocho y catorce años iban caminando del colegio a su casa, cuando un hombre que iba delante de ellas se bajó el pantalón y les mostró su pene. Le contaron a su madre, denunciaron lo sucedido y, luego de un largo proceso judicial, la Corte Suprema de Justicia absolvió al hombre de los delitos de acto sexual con menor de catorce años e injuria por vías de hecho, pues, según el fallo, lo ocurrido no fue delito, sino apenas un acto de exhibicionismo. El alto tribunal aclaró, no obstante, que sí hubo “acoso sexual callejero”, pero esa conducta no es delito en Colombia.

En palabras de la Corte, “la exhibición de órganos genitales ante niños o adolescentes menores de 14 años configurará la segunda modalidad típica del artículo 209 del Código Penal (acto sexual con menor de catorce años), siempre que constituya una conducta sexual explícita, lo que ocurrirá cuando el agente tenga ánimo libidinoso y, además, sus manifestaciones objetivas, más allá del simple desnudo, generen un contexto sexual, como por ejemplo aquél acompañado de palabras, comentarios, masturbación u otros gestos o movimientos corporales asociados al ejercicio de la sexualidad”. Por ende, lo que hizo el hombre, identificado como Jack Alexander Díaz Agudo no es delito.

Así le contó la hermana mayor a la Fiscalía lo sucedido: “al llegar donde se pasa la primera de mayo hay un callejón que tiene como una tarima o algo así y un señor venía caminando al frente de nosotras, cuando estábamos en el callejón y el señor venía en frente de nosotras. Si nos íbamos hacia la izquierda, el señor caminaba hacia ese lado. Después nos fuimos por la derecha y él también. En eso, mi hermana me dijo: ‘ese señor no nos va a dejar pasar’. Después, el señor se bajó los pantalones y nos mostró el pene. Se subió el pantalón y vino caminando hacia nosotras, entonces yo le dije a mi hermana: ‘salgamos a correr por qué ese señor nos va a robar’”.

En primera instancia, Díaz Agudo fue absuelto, pero la Fiscalía apeló y el caso pasó al Tribunal Superior de Bogotá. Allí, la Sala Penal lo declaró culpable del delito de acto sexual con menor de catorce años. La defensa del hombre acudió entonces a la Corte Suprema de Justicia y le pidió revisar el caso, pues en su visión el Tribunal había cometido errores jurídicos de fondo que justificaban una casación. Así fue como el expediente llegó al despacho de la magistrada Patricia Salazar, que les presentó a sus compañeros una ponencia absolutoria bajo el argumento de que el actuar de Díaz Agudo no comprometió la moral de las menores de edad. Y la Sala estuvo de acuerdo.

El fallo continúa: “durante ese breve y sorpresivo acontecimiento no se demostró que el acusado entablara comunicación verbal alguna con las menores de edad, ni que se masturbara ni que realizara tocamientos en su cuerpo -ni siquiera el pene sostuvo con sus manos porque solo levantó la prenda de vestir que lo cubría-, ni tampoco que realizara gestos o movimientos faciales o corporales que insinuaran alguna práctica de naturaleza erótico-sexual”. Es más, agrega la Corte que el comportamiento del hombre fue tan “equívoco” que las niñas pensaron que las iban a robar.

A renglón seguido, el alto tribunal aclara: “claro está, fue un acto grotesco, vulgar, impúdico y degradante que generó malestar e intimidación en aquéllas (las niñas), propio de un ‘acoso sexual callejero’ que, hasta el momento, sólo se encuentra sancionado en el ámbito policivo, no en el penal como lo han hecho ya la mayoría de países de la región por constituir ese tipo de conductas en el espacio público una forma de violencia de género”. Sin embargo, considera la Corte que el hombre debió ser entonces amonestado por la Policía, no procesado por la Fiscalía, pues su conducta no está castigada por el derecho penal.

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